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En la zona de Plaza Italia, empiezan o terminan sus recorridos
doce líneas de colectivos. La 12, tiene una terminal en la zona,
que ya le queda chica. El resto no tiene lugar para poner su cabecera
y estacionar los micros hasta el inicio del nuevo itinerario. Avenidas
como Las Heras o Santa Fe, funcionan comoterminales improvisadas, con
boleterías y baños químicos para choferes.
La línea 57 tiene cuatro ramales y numerosos colectivos. Los que
van a Pilar, por ejemplo, suelen estacionar sobre Santa Fe, al costado
de Plaza Italia. Otros quedan sobre Juan B. Justo. O, ya próximos
a reiniciar su recorrido, esperan en la calzada circular más cercana
a La Rural, donde también está la boletería. Ahí,
entre puestos de choripán, vendedores de baratijas y la gente que
va a las exposiciones, los pasajeros hacen largas colas para viajar a
Luján, Mercedes o Pilar.
En la otra calzada circular, a metros de la entrada del Botánico,
paran los de la línea 36. Además de un cubículo que
hace las veces de oficina, sobre la vereda hay un baño químico
que emana un olor nauseabundo. Y algunos choferes de la 57, unos cuántos,
utilizan Godoy Cruz para lavar sus micros y como baño callejero,
siempre con el motor en marcha para, como corresponde, viciar el aire
con emanaciones de monóximo de carbono.
"Es obligatorio que en las cabeceras secundarias haya un sanitario
explica Daniel Millaci, titular de la Cámara Empresaria de
Autotransporte de Pasajeros. El problema es que en Plaza Italia
y Palermo no hay lugar para las cabeceras. En tiempos de Ibarra, logramos
que varias líneas pudieran parar en un predio frente al regimiento
de Patricios, en la avenida Bullrich. Pero después construyeron
un terraplén con pasto y hubo que sacarlas".
Millaci se refiere al Parque Lineal Bullrich. Cuando empezaron a construirlo,
en marzo de 2005, se mudó las cabeceras de las líneas 36,
141, 161 y 188 a la avenida Sarmiento, frente al Zoológico y La
Rural. Hasta que, en octubre de 2006, el Ejecutivo autorizó instalar
por seis meses una terminal en el Paseo de la Infanta. Luego, por una
presentación judicial, la Comuna dispuso que los colectivos paren
en avenida Casares, entre Sarmiento y Figueroa Alcorta.
"Los colectivos no van porque las líneas dicen que es incómodo
trasladarlos vacíos hasta Casares denuncia Miguel von Rozenberg,
director del Ente de la Ciudad. Y se quedan en una zona más
céntrica. La ley de Tránsito y Transporte porteña
prohíbe que estacionen más de tres colectivos juntos. Además,
no pueden estar con los motores en marcha. Lo único que pueden
hacer es parar y esperar diez minutos hasta volver a salir".
Otro sector usado como cabecera es Dorrego, entre Libertador y Cerviño.
Ahí tienen sus paradas, baño químico incluido, la
166 y la 10, donde suele haber hasta siete colectivos detenidos. Mientras,
sobre Las Heras, junto al Zoo, paran la 188 o la 36. En el Gobierno porteño,
afirman que no tienen jurisdicción sobre estas terminales, porque
su control corresponde a la CNRT.
"No se puede tener una terminal en la calle, porque afecta al entorno.
La zona de Palermo donde paran es urbanización parque y es muy
transitada. No está bien que la gente reciba el humo de los escapes
de los colectivos", opina Osvaldo Guerrica Echevarría, de
la asociación Amigos del Lago de Palermo.
Pero los micros necesitan parar en algún lugar. "El Gobierno
de Macri nos había prometido alquilar un terreno al costado del
hipódromo dice Millaci. Después se habló
del estacionamiento frente al hipódromo, pero con el tema de los
tragamonedas se usa mucho. Hace tiempo que pedimos que nos alquilen un
terreno entre las vías, entre Juan B. Justo y Godoy Cruz, a la
altura de Paraguay. El ONABE estaba dispuesto a cederlo, pero después
el tema se enfrió".
La Cámara que agrupa a los colectivos dice que nos les queda otra
que ocupar las calles. La Comuna dice no tener potestad para mudarlos.
Sin embargo ya lo hizo alguna vez cuando los llevó al Paseo de
la Infanta o a la avenida Casares. Incluso la Cámara dice que negoció
con la Comuna por un espacio cercano al Hipódromo. Parecen pasarse
la pelota de un problema que, como la falta de espacio para estacionar,
parece difícil de resolver. (fuente: La Nación)
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