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Parcelado. Desde el CGP local dicen que van a tratar de
organizarlos, pero dentro del marco de la ley. La agrupación de
manteros amenazó con cortes de calle.
Mientras Graciela ensarta un chorizo recién traído de Liners
en un pinche parrillero y su colaborador empieza a preparar el fuego para
la choripaneada sobre lo que queda de pasto, decenas de manteros terminan
de instalarse en los lugares que ocupan desde hace meses.
Son las once del sábado y como todos los fines de semanas, cientos
de vendedores se acercan al Parque Centenario para ofrecer su mercaderia:
desde ropa usada y nueva y antigüedades, hasta accesorios para la
pesca con mosca, y celulares.
En la mayoría de las mantas hay objetos anacrónicos como
máquinas de escribir, películas en VHS, juguetes de madera
o muñecas de porcelana, el caparazón de un tatú carreta
o souvenires del Gauchito Gil.
Por su tremendo y repentino crecimiento, algunos vecinos ya bautizaron
a la flamante feria como La Salada de Caballito. Venden ropa
y zapatillas truchas, camperas deportivas imitación, reproductores
de mp3, memorias para cámaras digitales y hasta celulares de última
generación liberados, ¿Cuál querés?
ofreció uno de los puesteros que desde un gazebo instalado en plena
vereda, exhibía decenas de modelos.
Shopping popular
En el Parque Centenario conviven tres ferias. La de los libreros, que
suma unos 60 puestos oficiales, la de los artesanos y manualistas, que
comprende unos 400 más que son mantenidos por el Gobierno porteño,
y la de mayor crecimiento, la de los manteros ilegales, que
se organizan a través de una cooperativa con reglas propias.
A principio de marzo, la Agrupación de Trabajadores Parque Centenario
(ARPC) comenzó a organizar a los primeros 250 manteros del lugar.
Pero con la ayuda y coordinación del Partido Obrero, hoy se convirtieron
en más de 700 puesteros que forman un camino de ofertas de todo
tipo que recorre la Av. Patricias Argentinas entre el Instituto de Oncología
Marie Curie y la feria estable de libreros.
El que quiere vender algo allí, tiene que pedirle permiso al PO,
que dispone de siete coordinadores intercomunicados con handies y planillas
que administran las parcelas de dos metros cuadrados que ellos mismos
lotearon en un lugar público.
Dicen que no cobran, pero piden una contribución que oscila entre
$ 1 y $ 5 y tienen ciertas exigencias: Para dejarnos vender tenemos
que respetar sus reglas, nos piden que vayamos a las asambleas que hacen
todos los jueves y que respetemos a los delegados, confía
con un poco de bronca una de las puesteras. Elvira, una jubilada que llegó
con su valija llena de productos desde la provincia, tuvo que pedir por
favor que le den un lugar. Un coordinador la ubicó. Le tuvo que
dar cinco pesos.
A pesar de las exigencias administrativas del PO, la feria no para de
crecer: todos los fines de semana se suman entre 20 y 40 nuevos puesteros
que migran de otras plazas. Le van ganando espacio a los boulevares y
al parque. A simple vista se nota que los manteros necesitan de la feria
porque es su única fuente de ingresos, viven de lo que venden.
Pero a algunos vecinos les preocupa el creciente desorden:
dicen que dejan todo sucio, que no tienen lugar para caminar o andar en
bicicleta y que no son nadie para invadir su espacio público.
Enfrentados. Los mismos vecinos que se quejan de nosotros son los
primeros que nos vienen a comprar y que ensucian el parque con la caca
de sus perros. Nosotros lo hacemos por necesidad y encima, cuando nos
vamos, limpiamos todo porque somos ordenados, discute Estela, que
llegó hace pocos meses con su manta y vive de los libros, cacerolas
y tuppers que vende.
Juan Carlos, vecino yjubilado opina: Es lamentable que este espacio
pensado para que la gente lo disfrute sea ocupado y prendan fuego en cualquier
lado sin controles, pero entiendo que es un problema social de fondo y
hay que dejarlos instalarse.
Una guerra declarada
Los artesanos que trabajan en el Parque Centenario recuerdan todo el tiempo
las profundas diferencias que los separan de los manteros. Dicen que ellos
están inscriptos en la Dirección de Ferias y Mercados (del
Gobierno porteño) y que debieron pasar un examen para
demostrar que producen lo que venden de forma artesanal, que no revenden
productos ni chinos ni robados.
Uno de los asesores del CGPC Nº 6 reconoce en off su preocupación:
El principal problema del parque son los manteros porque se multiplican
como hongos y son un peligro porque obstruyen la entrada de ambulancias
en los hospitales de la zona, se queja.
El director del CGP de Caballito, Marcelo Iambrich, aclara que la
idea es ordenar el parque y que se cumpla con la ley porque para que haya
un puesto tiene que haber una feria, con una cantidad determinada de gente
y con especificaciones oficiales y los manteros no cumplen con nada,
indica y aclara que no posee competencia de Policía para tomar
las riendas del asunto.
El ministro de Espacio Público, Juan Pablo Piccardo, reconoció
que encaró diversas conversaciones con los grupos políticos
que organizan a los manteros para ver cómo pueden ser ordenados.
Estamos estudiando varias opciones porque así como están
no pueden seguir, adelantó.
Bastante precavidos, algunos delegados de la Agrupación de Trabajadores
Parque Centenario (ARPC) amenazaron sin vueltas: Si nos hinchan
mucho las pelotas, les vamos a terminar cortando la calle a Macri.
(fuente y foto: perfil.com)
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