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Ésa fue la consigna que se plantearon mil alumnos
y docentes del Colegio Nacional Nº 4 Nicolás Avellaneda, quienes
realizaron una jornada de educación y protesta para denunciar que
el Gobierno de la Ciudad porteño abandonó las obras de refacción
de la escuela ubicada en El Salvador 5528. La protesta arrancó
a las ocho de la mañana, cuando los alumnos, en lugar de entrar
a clases, empezaron a limpiar y pintar paredes, bancos, escaleras y puertas.
Les siguieron los alumnos del turno tarde, que también se dividieron
las tareas hasta que tocó el timbre: fue después de las
cinco de la tarde. La verdad es que la jornada superó nuestras
propias expectativas: los chicos no sólo se entusiasmaron con la
idea de salir de la rutina sino que se sumaron a las tareas de limpieza
y pintura con ganas, dijo el vicerrector del turno tarde, Enrique
Vázquez, detrás de una profesora con mameluco de pintor
color naranja.
Sara, la portera, abrió la puerta del colegio a los alumnos que
llegaron con el gorrito de pintor hecho con papel de diario: el olor a
pintura se sentía apenas se entraba en el histórico colegio.
Los chicos apuraban el paso con pinceles, tachos, lijas, trapos, las manos
con los colores similares a las paredes. Leticia Guindin es profesora
de Historia y dijo que la jornada fue pensada por los propios docentes:
En primer lugar buscamos rescatar la idea del cuidado de lo público,
y por otra parte la consigna fue protestar por el abandono de las obras
edilicias por parte de Gobierno. La docente reconoció que
la protesta arrancó en abril con una sola pared que quedó
completamente blanca. Entre los profesores se preguntaban cuánto
iba a durar pero resistió el embate de dibujos con liquid paper.
Ahora siguieron con otras quince aulas.
Los 70 litros de pintura fueron donados por los propios chicos y los
profesores que la trajeron de casa, la cooperadora compró otra
parte y el gremio de docentes UTE hizo su aporte. Sin embargo, ayer, en
el Avellaneda, faltaba pintura y ése era el principal reclamo de
los chicos que se cruzaban con sus profesores. La profesora de Biología
Silvia Blaustein, las manos sucias de pintura, agregó: No
sólo no se construyeron más aulas sino que por las refacciones
paradas se perdieron las que usábamos. Los docentes denuncian
que la obra fue pedida hace 10 años, que el colegio es muy antiguo
y no sólo necesita cambios sino también nuevas aulas y baños,
y una salida de emergencia que ahora quedó tapada. Está
bueno, porque así queda mucho mejor el colegio, admitió
Paula Ceccia, en la puerta de su aula del 4º 1ª del turno tarde.
La obra fue asignada finalmente hace tres años, pero desde diciembre
pasado está parada. Les dijeron que el dinero está asignado
pero que se quedaron sin fondos. Lo que pudieron comprobar es que hay
53 escuelas porteñas que se encuentran en la misma situación
y otras 38 que tienen sus proyectos aprobados pero que ni siquiera arrancaron
con obras. En el Ministerio de Educación porteño no pudieron
responder sobre esto. Los alumnos tuvieron que armar un proyecto
por aulas para dividirse las tareas. La idea es que también aprendan
a proyectar con los escasos recursos con los que contamos para 5.500 metros
cuadrados que tiene la escuela, dijo Guindin.
Gustavo Lesbegueris, del Área de Derecho a la Educación
de la Defensoría del Pueblo, también recorrió los
pasillos con sol: Lo que hicieron los estudiantes y los docentes
fue una forma creativa de protesta, con una actividad que tiene un valor
pedagógico importante porque dieron una verdadera clase de educación
cívica. La presidenta del centro de estudiantes, Lucía
González, también reconoció: El colegio no
sólo se ve más lindo sino que generó un buen clima
entre los docentes y los alumnos que rasquetearon paredes desde las ocho
de la mañana. El caso es que nos pusimos el traje de pintor por
algo que tendría que hacer el Gobierno. Estamos enojados pero también
orgullosos de nosotros mismos.(fuente: perfil.com, foto: Rafael
Yohai)
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